{"id":372,"date":"2021-08-12T23:00:16","date_gmt":"2021-08-12T21:00:16","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.sebastiancuevas.com\/?p=372"},"modified":"2021-08-13T14:03:43","modified_gmt":"2021-08-13T12:03:43","slug":"cuentos-y-descuentos-andaluces-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/blog.sebastiancuevas.com\/?p=372","title":{"rendered":"Pen\u00e9lope y otros milagros"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>CAPITULO DE LA OBRA CUENTOS Y DESCUENTOS ANDALUCES<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Aquello no era un carro, \u00bfqu\u00e9 iba a serlo!. Batea mal injertada con ruedas de camioneta, y unos barnadales heterog\u00e9neos para la barcina de cartones y papeles y trono de la ni\u00f1a, y sombrajo de la perra, tan mustia y, seguro, tan querida, y pretexto para el mulo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el padre, silencioso, cojitranco y m\u00ednimo, volv\u00eda de sus seglar\u00edas por tabernas y trabajos de rebuscas, ellos estaban all\u00ed los cuatro, clavados a la acacia por el ronzal, y cada cual por sus sue\u00f1os, de desguaces, cacer\u00edas lejanas, mu\u00f1ecas imposibles y campi\u00f1as de sinople.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed mi hija Pen\u00e9lope, que ahora tiene dos a\u00f1os y diez meses, y por aquellos d\u00edas traperos andar\u00eda ya empezando a pensar en las cosas usuales, se asomaba a la ventana, apartando los visillos, los ojos de la otra ni\u00f1a se llenaban de hermanos peque\u00f1os y limpios, para su fantas\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces pasaba horas en s\u00ed misma, como una Santa Victoria a medio esculpir, a medio martirizar, ya tan temprana. Caracoleaban su casa entera con los atadijos de sus tiznes, todas mis sonrisas. As\u00ed fu\u00ed sabiendo de amarrados a un m\u00e1stil.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el mulo, descansado en los mozos y en una y otra mano alternativamente, se rascaba con los nimios espartos y correas de sus arreos, ella alargaba su mano y su palabra para espantar a las tozudas moscas que se le lapaban por las negruras que se esconden debajo del rabo como caricia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada vez que la miraba se me llenaban de preguntas todos los rincones de la ternura y la prohijaba en mi cari\u00f1o, sin hablarle, devolvi\u00e9ndome ella, en el espejo de sus tiznes, todas mi sonrisas. As\u00ed fui sabiendo de sus orfandades y menoscabos leyendo por la transparencia de sus ingenuidades. \u00a1Que felices se les ve\u00edan conjuntos, con tanto bueno dentro y tan sin necesidades, tan frugales y hermosos como los camaleones del verano!. Se la ve\u00eda fabricas historias -\u00bfpeque\u00f1a Ruth, espigando por los campos de Booz llenos de cartones y papeles?- y musitaba sobre los desechos que iban elev\u00e1ndose con las recogidas del padre, y mov\u00eda sus manos en ademanes transitivos con el mulo, con el carro, con la perra, con Pen\u00e9lope por los vidrios. Hab\u00eda una rec\u00edproca guarder\u00eda en este \u00abkindergarden\u00bb de la pobreza: la perra tutelaba al mulo, el mulo al carro, el carro los papeles, los papeles a la ni\u00f1a, la ni\u00f1a al perro &#8230; en un circulo perfecto e interminable, hasta que llegaba el padre, sereno, cojitranco, sopesaba la estiba, deduc\u00eda la tara de la sisa del almacenista, y, satisfecho, decid\u00eda que era el momento de tumbarse a la sombra, bajo las ruedas con su novela de tiros, con lo que a todos alcanzaba la plenitud y relajaban el cuidado y vigilancias y se desparramaban por sus caminos interiores de desguaces, cacer\u00edas lejanas, mu\u00f1ecas imposibles y campi\u00f1as de sinople.Pero a pesar del verdor de los pastos enso\u00f1ados, se adivinaba que al mulo le pod\u00edan sus cansancios y se anunciaba el inminente sue\u00f1o de sus sangres, del cuajar\u00f3n de sus sangres, por las transparencias de las orejas, como cartones aceitados. Cuando se ven reposar los faetones y tilburis que pasean a los turistas, aquellos que al ensue\u00f1o por el cochero de la ciudad, sus roman\u00edas, arabescos y patios corresponden con orgullo de mostrar muslos e interioridades de sus rubias mujeres, al pase preeminente, se ve a sus caballos pacer en su j\u00e1quima de saco de pajas y cebadas del reposo, pero este pobre h\u00edbrido, burd\u00e9gano del descuido cuando se calientan las burras y se les engarabita el pescuezo en el rebuzno, solo pace por su cansancio, y estamos seguros que se nos va a morir con los arneses puestos, de pie, como los soldados y los cipreses.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que llevaban meses y meses uncidos al \u00e1rbol de mi ventana. Las flores del pan y panizo se hab\u00edan marchitado y frutos de s\u00e1maras les ca\u00edan form\u00e1ndoles estadales alados. Al asomarse, una ma\u00f1ana, Pen\u00e9lope para darles el saludo de costumbre, corri\u00f3 en busca de mi mano a que participara del milagro. El mulo ya no estaba, y, en su lugar, un \u00e1ngel, no muy limpio, le reemplazaba entre arreos y arneses y ronzales, y hablaba con la ni\u00f1a historias nuevas y celestiales. El padre segu\u00eda leyendo sus noveles por los Dodge City de la sombra, y por el aire se derramaba una impresi\u00f3n evasiva y ef\u00edmera, como ocurre por las alcobas cuando se piensa en hacer las maletas para un viaje inminente.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en el momento en que los rayos del sol enhebraban las agujas de los pinos de la sierra, la ni\u00f1a dijo, como si fueran palabras usuales.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Arre, \u00e1ngel!-, mientras sub\u00edan su padre y la perra y ella sacud\u00eda las bridas sobre lomos de plumas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y fue estupendo ver la pericia y suavidad con que remonto el vuelo la trupe trapera y entra\u00f1able, que ya hubiera querido El\u00edas singladuras tan sutiles y elegantes por los altos caminos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la ni\u00f1a sacudi\u00f3 su mano en el \u00faltimo adi\u00f3s de las azoteas, se nos juntaron a Pen\u00e9lope y a m\u00ed todas las soledades futuras, como un nudo en la garganta, tal que si intent\u00e1ramos tragarnos a mordiscos los membrillos sin saz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si alguien duda de esta historia que venga al \u00e1rbol de la ventana y lo ver\u00e1 vac\u00edo, o que acuda al testimonio de mi hija cuando ensaya in\u00fatiles vuelos con todos sus juguetes, mientras les acuc\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Arre, \u00e1ngel! <\/p>\n\n\n\n<p>-Texto: Penelope y otros milagros, del libro Cuentos y descuentos andaluces de Sebasti\u00e1n Cuevas, con ilustraciones fotogr\u00e1ficas de Jose Jim\u00e9nez Poyato<br>ISBN 84-500-1569-3 Dep\u00f3sito Legal CO-368-1976&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPITULO DE LA OBRA CUENTOS Y DESCUENTOS ANDALUCES Aquello no era un carro, \u00bfqu\u00e9 iba a serlo!. 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